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Rebeldía Deportiva

Waldir Sáenz, el goleador blanquiazul

Publicado el 16 de Octubre

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Waldir Sáenz va incluso más allá. No solo fue el ícono para miles de aficionados, pues Sáenz ha sido, a todas luces, el máximo referente futbolístico para figuras que aparecieron años más tarde

Negro, negro, negro, negro… Fútbol que salió del pueblo para llegar a la cima

Cuando Alianza juega, el Perú juega y revive Villanueva cuando juega Alianza Lima.

Luego de la terrible tragedia del Fokker, ocurrida el 8 de diciembre de 1987, que enlutó al fútbol peruano y supuso la desaparición de una gran generación de futbolistas, mejor conocida como los “potrillos”, Alianza Lima había quedado huérfana de ídolos, con una sequía de títulos que duró toda la década de los ochentas y se extendía a los primeros años de los noventas. En ese contexto, apareció un hábil jugador de raza morena que volvió a despertar la ilusión en el barrio de La Victoria.

Ese jugador era Waldir Alejandro Sáenz Pérez o, simplemente, “Wally”. Aquel joven delantero llenó de quimba y picardía terminaría siendo el goleador histórico de Alianza Lima con 178 goles en 355 partidos y el tercer máximo anotador de la Primera División del fútbol peruano, solo detrás de Sergio “El Checho” Ibarra y Oswaldo “Cachito” Ramírez. Si bien Waldir, durante su carrera, vistió la camiseta de otros clubes del país, su gran legado en nuestro fútbol lo escribió con tinta blanca y azul, defendiendo a su querido Alianza Lima.

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Nacido en Lima, el 15 de mayo de 1973, Waldir Sáenz siempre estuvo cerca de una pelota. Vivió algunos años de su infancia en Pisco; sin embargo, volvería a la ciudad capital y con 13 años de edad, llegaría al club de sus amores: Alianza Lima. Al cuadro victoriano lo llevó su amigo, Nolberto Solano, una categoría menor que él, para que se pruebe. En esas pruebas, el todavía niño Waldir, deslumbró a todos, en especial, a Rafael “El Cholo” Castillo, quien le dio el visto bueno para que se quedara.

En 1992, año convulsionado para nuestro país en el aspecto social, económico y político, Waldir Sáenz, con apenas 19 años, debutaba con camiseta blanquiazul, un 10 de octubre ante Deportivo Municipal en Matute. Ese muchacho anotaría su primer gol como profesional recién en su cuarto partido, un 13 de diciembre, cuando Alianza Lima venció por 3 a 2 al Sport Boys en el Nacional, por la liguilla del subcampeonato de ese año. En esa temporada, Sáenz jugaría solo cuatro partidos y marcaría dos goles.

Sin embargo, el siguiente año sería muy diferente para el “nuevo potrillo”. En aquella temporada, la segunda en su recién iniciada carrera profesional, Waldir Sáenz tendría una actuación inmejorable y anotaría la impresionante cifra de 31 goles con el cuadro íntimo, convirtiéndose en el máximo goleador de ese torneo y, además, el mejor jugador del año 1993. Por esos días, “Wally”, con solo 20 años, hacía renacer las esperanzas de toda la hinchada aliancista y se perfilaba como promesa de ser la nueva estrella del fútbol peruano.

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Si repasamos la historia de los goleadores de nuestro fútbol, descubriremos que solo un jugador fue goleador el año de su debut: Teófilo “El Nene” Cubillas, en 1966. Después, hubo tres jugadores que lograron ser goleadores un año después del debut: el gran Alejandro Villanueva, quien debutó con Alianza Lima en 1927 y salió goleador en 1928. “Lolo” Fernández, máximo ídolo de Universitario, quien debutó en 1931 y fue goleador al año siguiente. Quien completa esta ilustre lista es, nada más y nada menos que Waldir Sáenz.

Sáenz seguiría brillando de manera individual con Alianza. En 1996, Waldir se convertiría en el goleador del torneo local por segunda vez, marcando 20 tantos. No obstante, al año siguiente, llegaría lo más esperado en la carrera del “goleador”. Luego de 18 años sin poder campeonar, Alianza Lima lograría el ansiado título nacional de la mano del técnico colombiano, Jorge Luis Pinto, y con una generación ya consolidada, conocida como los “nuevos potrillos”. Juan José Jayo Legario, Marco Valencia, Paulo Hinostroza, y como figura máxima, Waldir Sáenz.

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En el año 1998, “Wally” daría el salto al extranjero y tendría un fugaz paso por el Colorado Rapids de la Major League Soccer (MLS). Para el año siguiente, Waldir volvería a Alianza Lima, donde lograría ganar el torneo Clausura, quedándose con el subcampeonato nacional. En el año 2000, Sáenz recalaría en el fútbol argentino, Club Atlético Unión de Santa Fe fue su destino. No obstante, Waldir no perdería la oportunidad de ser parte del plantel del 100° aniversario e ir en busca del título, que a la postre conseguiría.

En total, Waldir Sáenz ganó cuatro títulos nacionales con Alianza Lima: el de 1997 tras 18 años sin títulos; el del Centenario en 2001, donde el cuadro “íntimo” logró el campeonato en la ciudad del Cusco, al vencer a Cienciano por penales, y el bicampeonato en los años 2003 y 2004. Y si bien, Waldir consiguió más títulos en el nuevo milenio, no cabe duda de que los noventas fue la década en la que “Wally” deslumbró por su juego pícaro y su sorprendente capacidad de definición frente al arco rival, haciendo gritar de alegría a las tribunas de Matute.

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Innegablemente, Waldir Sáenz se convirtió en el ídolo blanquiazul de toda una generación. Su legado en cuanto a goles no se podrá borrar de la memoria de los hinchas aliancistas. Pero lo de Waldir va incluso más allá. No solo fue el ícono para miles de aficionados, pues Sáenz ha sido, a todas luces, el máximo referente futbolístico para figuras que aparecieron años más tarde en La Victoria, como Claudio Pizarro y Jefferson Farfán, que llegaron a jugar con él; y Paolo Guerrero.

En las tribunas del estadio Alejandro Villanueva todavía se pueden escuchar los ecos de cada grito de gol que generó en la hinchada blanquiazul. Las paredes del estadio de Matute todavía atesoran cada jugada, cada amague, cada gol, cada pared, cada recuerdo que Waldir Sáenz, el goleador histórico de Alianza Lima, hizo en su cancha.

Porque cuando Waldir mete un gol, La Victoria está feliz. En el cielo sale el sol y alegra a toda su gente en el país.

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Redacción: Luis A. López Solano

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