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Publicado el 04 de Febrero

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Adriana Paredes

Adriana Paredes

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Todos nos encontramos al tanto del auge que han tenido (y continúan teniendo) las startups como nuevos modelos de negocios, fundados por uno o más emprendedores, para desarrollar un producto o servicio innovador y llevarlo al mercado.

No obstante, este camino -dónde el objetivo principal es capitalizar la idea innovadora y sacarla al mercado cuanto antes- frecuentemente se encuentra lleno con “trabas” legales, que los emprendedores deben aprender a atravesar a fin de que no se conviertan en obstáculos para el negocio en el corto, mediano o largo plazo.  

En ese orden de ideas, la intención de este breve artículo es dotar al emprendedor de un botiquín de primeros auxilios legales” con los aspectos claves que debería tener en cuenta al momento de tomar la decisión de embarcarse en la aventura “startupera”; con la particularidad de que se recomienda que su uso sea ex ante- para prevenir siniestros, en lugar de tener que repararlos.

PRIMERO LO PRIMERO

Nos encontramos en un momento sin precedentes, en el cual el conocimiento está al alcance de todo aquel que se decida a buscarlo- incluido el derecho. En este contexto, las leyes dejaron de ser de los abogados, y pasaron a ser de “dominio público”, con lo cual cualquier ciudadano con acceso a Internet puede tener acceso a ellas, sea empresario o no.

No basta con que el emprendedor se asesore con un equipo de abogados que lo orienten en su recorrido de emprendimiento, sino que es conveniente que el éste se familiarice con lo esencial para estar en la capacidad de tomar decisiones respecto a cada aspecto de su proyecto.

Dicho esto, empecemos por la cuestión básica en lo que concierne a iniciar un negocio en el país: La Constitución. Los preceptos básicos de los modelos de organización empresarial contemplados en la legislación nacional se precisan en la Ley General de Sociedades – Ley 26887 (LGS) o la Ley de la Empresa Individual de Responsabilidad Limitada (Decreto Ley 21621 – LEIRL), y aplican a todo tipo y tamaño de empresas, incluyendo a las startups. Por esto, será conveniente que el emprendedor se familiarice con las disposiciones de dichas normas, a fin de poder determinar la organización empresarial que más le convenga según sus necesidades, sin perder de vista que esta decisión tendrá repercusión en casi toda la marcha del negocio.   

Con el tipo de empresa definido, lo siguiente a tener en cuenta será el aspecto tributario del negocio, dentro de lo cual se encuentra el precisar el régimen al que se sujetará la empresa. Para esto, el emprendedor y su equipo deberán tomar en consideración– entre otros aspectos; el objeto del negocio, el tamaño de la empresa, el volumen de facturación, etc. Con esto en mente se podrá determinar, por ejemplo, si la actividad que pretende realizar se encuentra gravada o exenta de impuestos, o si goza de algún beneficio tributario.

Hablando de equipo, a continuación, se nos presenta el aspecto laboral de la empresa. Una vez más, este ítem es de aplicabilidad a todas las empresas formalmente constituidas en el Perú; no obstante, debe ser un punto con cierta prioridad en la mente del emprendedor, pues el manejo de sus contratos laborales con su equipo podría influir directamente en el compromiso de sus colaboradores con el emprendimiento, con su misión y visión. De igual manera, dentro del ámbito laboral, se deberá tener en consideración aquellas normas laborales que puedan ser aplicables según el tamaño de la empresa y del equipo.

La vasta mayoría de las start up son negocios basados en tecnología, por lo que el emprendedor debe velar porque los derechos de propiedad intelectual (entre ellos marcas, patentes, logos, softwares y todo aquello que se vincule a las creaciones intelectuales que tengan reconocimiento jurídico) se encuentren debidamente registradas a fin de que puedan gozar de la protección que la norma contempla al respecto. Adicionalmente, además de los beneficios de tener un derecho de propiedad intelectual o industrial que las leyes de la materia brindan, el que se encuentren debidamente registrados en el INDECOPI (el órgano competente en el Perú), este registro puede incrementar el valor comercial de la empresa e incluso influir en las decisiones de potenciales inversionistas o aliados estratégicos.

Dicho lo anterior, y siguiendo con la afirmación de que gran parte, por no decir que todas las startups, están en parte o totalmente basadas en tecnología, en el tiempo donde los datos son “el nuevo petróleo”, será indispensable que el emprendedor cuide de este activo como lo que es, uno de sus recursos medulares en el curso de su negocio. Es así que deberá observar un marco adecuado para la protección de datos personales siempre que se recolecten datos personales de clientes, proveedores o colaboradores, cuidando que éstos sean almacenados –cuando sea el caso– de la manera más adecuada y tratados conforme a la ley que regula la materia (Ley No. 29733, Ley de protección de Datos Personales).

Por último, pero no por ello no menos importante, dependiendo de la industria en la cual el emprendedor haya decidido incursionar, deberá tener en consideración si se trata de un sector regulado o no. En este caso, y en caso la interrogante sea afirmativa, deberá conocer las cuestiones clave del marco regulatorio que se le sea aplicable.

A MODO DE CONCLUSIÓN

Es evidente que los puntos expuestos en estas breves líneas no terminan de abarcar todos los asuntos legales que pueden afectar el desarrollo de una startup (como licencias municipales de funcionamiento, términos y condiciones de uso, suscripción de acuerdos de confidencialidad, entre otros). Sin embargo, consideramos que los aspectos que han sido desarrollados a lo largo de este artículo son aquellos que bien podrían configurar la médula de la empresa, en lo concerniente al ámbito legal.

Por último, me gustaría traer a colación una afirmación que llamó mi atención en un artículo recientemente publicado por Forbes, donde el autor afirmaba que “el sector legal tiene dos dimensiones: la profesión y la industria siendo que la profesión es aquella que desempeñan exclusivamente los abogados; y la industria, una trinidad de expertise legal, tecnológico, y de manejo empresarial”.

Siguiendo esta línea de pensamiento, es pertinente que el emprendedor explote sus habilidades empresariales haciendo énfasis en convertirse un conocedor proactivo de todo el entorno que pueda tener influencia en la materialización de su idea innovadora, como las principales necesidades, circunstancias, innovaciones y riesgos de su rubro, incluso, y con mayor razón cuando se trata de leyes.

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