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Mañana es mejor

Publicado el 23 de Setiembre

Roberto Renzo

Roberto Renzo

8 publicaciones

La música -como toda expresión artística- está siempre reinventándose, haciéndose nueva, descubriéndose. Nuestra tarea es no dejar que se enfrasque en el pasado.

«Aunque me fuercen, yo nunca voy a decir que todo tiempo, por pasado, fue mejor: mañana es mejor». - Luis Alberto Spinetta

La apuesta creativa es una permanente ida hacia adelante. Si el arte existe es porque existe la necesidad de deshacerse de prejuicios, temores, demonios; y de encontrar una expresión auténtica que reconstruya nuestra experiencia de vida en algo que pueda conmovernos y representarnos. Entonces, cuando Luis Alberto Spinetta nos dice que mañana es mejor, no está utilizando solo una metáfora: está defendiendo una actitud artística.

La música ha ido buscando nuevas formas para expresarse, de hecho, las necesita. Sin embargo, nos estamos encontrando en medio de un círculo vicioso en el que todos (público, músicos, medios de comunicación, industria) somos responsables: vivimos aferrados al pasado. Seguimos escuchando las mismas canciones de años atrás, esperamos el regreso de bandas extintas, nos anclamos a lo ya conocido y aprobado: preferimos la zona segura antes que el riesgo y la novedad, contraviniendo el propio espíritu del arte. Y todo ello nos termina enfrascando en una corriente de la que haríamos bien en librarnos pronto.

difusión

Sobre esta problemática, podríamos hablar largo y tendido.

En nuestro país, por ejemplo, tenemos emisoras “de actualidad” cuyo principal contenido data de la década de los ochenta, noventa y algunas excepciones de los primeros dosmiles -es decir, de 20 años a más-, relegando innumerable producción reciente en todos los géneros y de altísima calidad y llegada (no hablo aquí de las llamadas “radios del recuerdo”, cuya programación está supeditada más bien a una temática en particular). Del mismo modo, podemos señalar a los festivales que repiten una y otra vez los mismos actos en sus horarios estelares (y sí, muchos de ellos con una larguísima trayectoria pasada), dejando para la apertura -cuando menor cantidad de público hay, y si es que lo hacen- a proyectos nuevos pese a contar ya con una importante base de seguidores.

Así también, muchos conciertos han sido la oportunidad perfecta para una especie de cultura retrospectiva en la que el músico, aun siendo un solista en funciones, es señalado preponderantemente por su paso en algún proyecto anterior (es el caso de Christina Rosenvinge, Liam Gallagher, Enrique Bunbury, etcétera: “la voz de ...”), obviando la trayectoria en solitario que el artista viene estableciendo y por la que busca y necesita ser reconocido. Del mismo modo, muchas giras se terminan convirtiendo en un interminable y repetitivo “grandes éxitos” porque, claro, independientemente de la propuesta actual del músico, aquellas canciones son las que la mayor parte del público recibe, conoce y reclama... y es esta, quizás, la punta de la madeja de toda esta situación, o al menos una teoría.

Y es que todo lo anteriormente mencionado forma parte de una realidad inevitable. No se trata, solamente, de que vivimos en permanente ejercicio de nostalgia. Es, además, que hemos olvidado el placer del descubrimiento, la ilusión de lo nuevo. No nos lo permitimos, o no nos lo podemos permitir. Porque el mundo cambió y está cambiando a cada segundo, y la vida moderna implica correr cada vez más rápido y buscar el camino más práctico para todo. Y, lamentablemente, la música no ha logrado escapar a eso, pero la industria aún le saca provecho: hace mucho no nos sentamos a escuchar un disco completo, por ejemplo, y ya a nadie parece importarle.

El círculo vicioso, entonces, da su última curva con el argumento preciso: ofrecemos lo que la gente quiere. Pero lo cierto es que tenemos una tarea pendiente -todos- y se trata de valorar la música y el trabajo artístico como aquella fuente inagotable de revelaciones y de mirada puesta al futuro, hacia adelante, y entender su importancia para la vida de cada uno.

Tenemos la posibilidad de cambiar el paradigma, de alzar la voz; de descubrir, reclamar y hacer nueva música".

Tejer redes y construir una escena musical sólida que permita el crecimiento sostenido desde todas sus partes, siempre teniendo al arte como premisa, sabiendo que no es estático y que no puede estar sujeto a la frialdad del negocio.

No interioricemos esa mentira de que todo tiempo pasado fue mejor. Que no nos engañen. Debemos apostar por más, en el arte y en todo en nuestra vida. Siempre podemos construir algo nuevo, que represente lo que realmente somos y queremos, y no quedarnos atrapados en el pasado. Mañana es mejor.

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