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Proteger la Amazonía y nuestra alimentación: ¿Cómo se relacionan ambas?

Reflexionemos sobre los efectos de lo que consumimos, no solo en nuestra salud, sino en la salud de los ecosistemas que sostienen la vida en nuestro planeta.

 La protección de la Amazonía y nuestra alimentación ¿cuál es la relación?
La protección de la Amazonía y nuestra alimentación ¿cuál es la relación? La protección de la Amazonía y nuestra alimentación ¿cuál es la relación?

Estas semanas hemos visto cómo un extenso incendio devoraba buena parte de la Amazonía brasileña y boliviana. Miles de hectáreas del principal pulmón del planeta quemándose a vista de todos y sin que nadie pueda parar las llamas. A pesar de la lentitud en la cobertura de los medios de comunicación tradicionales, las redes sociales, por suerte, se llenaron de imágenes y noticias que alertaban a todo el mundo sobre la tragedia de la Amazonía. Muchos usuarios reflexionaban sobre las causas que llevaron a esta emergencia ambiental, proponiendo soluciones o culpando a las autoridades.

Un rápido análisis de las causas de fondo, sin embargo, nos lleva a pensar que una parte de la responsabilidad yace en nosotros mismos y, más concretamente, en nuestra alimentación.

Nuestros hábitos de alimentación usualmente incluyen el consumo diario de alimentos de origen animal. Debido a esta demanda, una significativa parte del territorio de la Amazonía (no sólo de Brasil, sino de otros países, incluyendo al Perú) es deforestada en gran medida para sembrar alimentos destinados alimentar ganado (agricultura) y también a criar ganado (ganadería), que son actividades que requieren áreas extensas.

De esto se derivan principalmente, cuatro aspectos importantes que causan daño al medio ambiente de manera directa e indirecta:

  • Primero. Las prácticas para deforestar, de agricultura y ganadería, a menudo involucran generar incendios que, al salirse de control, devastan miles de hectáreas de selva. Esta práctica busca deforestar zonas de la selva para convertirlas en tierra cultivable, principalmente de soya, alimento base de para los animales de crianza, como gallinas, cerdos y res.
     
  • Segundo. El ganado vacuno libera gran cantidad de gas metano, el cual es perjudicial para el medio ambiente. La FAO estima que el ganado es responsable del 18% de las emisiones de gases que producen el efecto invernadero, un porcentaje mayor que el del transporte.
     
  • Tercero. Para criar ganado vacuno no solo se necesita de un gran territorio, también se requiere mucha agua. Por cada kilogramo de carne de res producida se necesitan 15 000 litros de agua.

Con esta información, ¿qué podemos hacer? Lo primero es tomar conciencia y es fundamental, además, que exista mayor regulación por parte de las instituciones encargadas.

Desde casa también podemos y debemos tomar acciones, por eso es importante que, en un blog de nutrición como este, reflexionemos sobre los efectos de lo que consumimos, no solo en nuestra salud, sino en la salud de los ecosistemas que sostienen la vida en nuestro planeta.  Por ejemplo, existe un movimiento llamado ’lunes sin carne’ (“Meatless Mondays”), el cual incentiva a reducir el consumo de alimentos de origen animal y no hacerlo un día a la semana. Si queremos cuidar el planeta necesitamos hacer cambios en nuestro estilo de vida y eso, aunque a muchos nos cueste, implica también cambiar nuestros hábitos de alimentación.