Acción Deportiva

Los goles que nadie quiere recordar

"La valoración de un jugador en el mercado depende de varios indicadores, diferenciados por posición, aunque también por un porcentaje de lo que produce el marketing".

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Publicado 19 de Mayo

Foto referencial: Andina
Foto referencial: Andina Los goles que nadie quiere recordar

Se escucha seguido que el fútbol es de resultados y, con eso, podríamos inferir que el valor de un jugador en el mercado va en función de los resultados que genere, pero esto no es tan cierto que digamos y vamos a ejemplificarlo.

La valoración de un jugador en el mercado depende de varios indicadores, diferenciados por posición, aunque también por un porcentaje de lo que produce el marketing. Un claro ejemplo de ello es Neymar, quien a su corta edad llegó a costarle al Barcelona la meteórica cifra de 57 millones de dólares cuando apenas tenía 21 años.

Al margen de la discusión si lo valía o no, en la que seguramente habrá consenso sobre la justicia del precio, existen también los jugadores infravalorados porque sus capacidades son opacadas por sus gestos, forma de ser y la forma en cómo se expresan, así sean características positivas, si son mal manejadas.

El caso que se presenta hoy es el de Miroslav Klose, mítico delantero alemán que logró marcar 16 goles y erguirse como el máximo anotador de los mundiales, destronando al que es considerado como el mejor centrodelantero de la historia: Ronaldo.

La historia de Klose es particular. Polaco de nacimiento, tomó la decisión de jugar por Alemania y de seguir casi toda su carrera futbolística ahí, salvo por su paso por la Lazio de Italia en donde terminó su carrera a los 38 años. Uno de los datos curiosos es que, pese a su debut en el 2001 en la selección alemana, en su casa se habla polaco: Un ejemplo de profesionalismo evidente, sobre todo porque Polonia y Alemania son clásicos rivales europeos, por contar con antecedentes de conflictos bélicos.

En el 2012, en un partido entre Lazio y Nápoli, Klose anotó un gol con la mano y confesó al árbitro su acción. Su equipo pasó de ganador parcial a recibir 3 goles en contra. El año de su retiro, Jöachim Low, quien lo dirigió en la selección teutona, dijo que “en Miroslav siempre se ha podido confiar plenamente. Es un ejemplo como persona y como deportista que subordina todo al éxito del equipo".

Suena al jugador perfecto, ¿no es así? Un deportista de fuertes valores y disciplina, que piensa más en el equipo que en sí mismo. Pero la estadística revela que Miroslav Klose nunca superó el valor de 30 millones de dólares y, de hecho, su cotización fue cayendo dramáticamente desde el pico producido en el 2006, mientras militaba en Werder Bremen.

¿Qué sucedió entonces? Klose no logró generar una marca personal potente, ni siquiera le interesó. El, carpintero de profesión, usó el fútbol como una herramienta más y no pudo sacarle el mayor provecho, pese a que fue voceado varias veces para fichar por el Barcelona, por ejemplo. Desaprovechó una gran oportunidad de ser imagen para generaciones futuras, de vincular la ética directamente con patear una pelota. Tampoco se recuerdan grandes comerciales ni contratos millonarios en su vida.

No es casualidad, entonces, que estén más presentes en nuestra mente los dientes de conejo de un gordito con camiseta amarilla por encima del frío goleador teutón, aun cuando el último gol y con el que rompió el récord, se lo marcó a la misma selección brasileña en el recordado 7-1 en Brasil 2014.