Paul Belsuzarri: el doctor emprendedor

Conoce la historia de Paul Belsuzarri, un médico formado en épocas duras cuyo emprendimiento lleva consigo el sello más humano de la medicina.

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Publicado 09 de Enero

El Centro Radiológico PABEL es uno de los principales centros especializados de la ciudad de Huancayo.
El Centro Radiológico PABEL es uno de los principales centros especializados de la ciudad de Huancayo. Paul Belsuzarri: el doctor emprendedor

Paul Belsuzarri Retamozo, nació en Huancayo y es el primogénito de don Samuel Fortunato Belsuzarri Vila y doña Aquila Isabel Retamozo Contreras. Huérfano de padre a los siete años, se educó en la escuela fiscal Sebastián Lorente en la primaria y en el colegio Santa Isabel en la secundaria; para pasar luego a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en 1972.

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En éste emprendimiento y en varios otros, damos cuenta que la educación, tanto en las aulas estatales como en las propias familias, alcanzó calidades tales que la mantuvieron independiente de las academias. Es así que el niño “lorentino” y joven “isabelino”,  se convirtió en universitario “san marquino” a la edad de 19 años, alcanzando las aulas codiciadas de medicina compitiendo con más de cincuenta mil postulantes.

Una historia en especial, dentro de los trece años de su paso por San Marcos (que comprende tres años adicionales que cursó para su especialización) nos enriquece de sobremanera:

Cuenta don Paul Belsuzarri, que fue más o menos al tercer año de cursar su carrera que  conoció al Dr. Carlos Lanfranco La Hoz, médico internista y asistencial que fue profesor principal de su facultad y que por aquellos años se desempeñaba en el Hospital Dos de Mayo. Este docente por naturaleza, solía nombrar a sus alumnos con tan sólo haberlos visto una sola vez, así que los tenía monitoreados y los cuidaba con preocupación paternal.

Relata don Paul, tres anécdotas inolvidables: lo primero ocurrió cuando uno de sus alumnos dejó de asistir a clases impedido por su salud y el doctor – dando muestras de su alta sensibilidad por el dolor ajeno – propuso a sus educandos llevarle las asignaciones a su domicilio según orden de lista. El segundo hecho ocurrió cuando nuestro protagonista quiso eludirse de clases para poder atender a su madre que se hallaba enferma; fue entonces que el Dr. Lanfranco, al percatarse, lo convenció de retornar a sus clases regulares haciéndose cargo de las gestiones y menesteres económicos de la señora aún sin conocerla. El tercer prodigio de este maestro chalaco, fue cuando al dar cuenta que uno de sus alumnos se escapaba de clases y salía sin autorización fuera del hospital, corrió tras de él, detuvo el autobús y lo retornó al recinto, no sin antes procurarle un descanso. ¡Qué singular doctor!

Por aquellos años, la carrera de medicina se cursaba por diez años y ya por los años ochenta aproximadamente, concluyendo su carrera, el emprendedor viajó a España para buscar la especialización en oftalmología aspirando a las escuelas de Castro Viejo y Barraquer. No obstante, ya en la ciudad cambió su plan y prosiguió estudios de ecografía.

Como los turnos en clínicas y hospitales de Madrid no le fueron suficientes para suplir sus costos de vida, ya cumplida su meta; tuvo que retornar a Huancayo a trabajar en la Clínica Ortega. Pasado un breve tiempo y ya a cargo de su propia familia, decidió especializarse en Radiología también en la UNMSM (cuyo ingreso fue toda una hazaña considerando su trabajo); y persiguiendo su siguiente objetivo tuvo que llevarse a su familia con él.

Mientras nos cuenta esto último. El Dr. Belsuzarri, piensa un poco y nos cuenta cómo, por sus años mozos, los médicos (y quizás también otras profesiones) no sólo se dedicaban a estudiar, si no muchos de ellos estudiaban, trabajaban y criaban a sus hijos a la par.

Volvamos en el tiempo. En épocas del Servicio Rural y Urbano Marginal de Salud (SERUM), en el valle del Mantaro, a seis kilómetros de Mito, en el distrito de Aco, específicamente. “En Aco, cuando no habían pistas y llegabas en lo que podías, durante todo un año de trabajo, fue inspirador ver a los colegas realizar actividades como polladas y otras, para poder pagar el agua y la luz del puesto de salud; logrando luego hacerlo sostenible a pulso consiguiendo lo elemental y aún más para seguir trabajando. Mientras eso, proseguían con la carrera e iban con sus hijos a estudiar”, cuenta el doctor.

Con aquellas enseñanzas se formó el Dr. Paúl. Luego de haber pasado sus largos años de estudio decidió comprar su primera máquina radiológica: un ecógrafo que, por aquellas raras pero reales fortunas de la vida, le costó cero soles de cuota inicial.

Sucede que fueron una serie de solicitudes y cándidas promesas de pago las que llamaron la atención de los dueños de Medison, una marca líder en esos artilugios que a la actualidad forma parte de Samsung; quienes lo contactaron y creyeron en la palabra del doctor sin necesidad de firmar letras o garantías. Esta histórica máquina dio paso a su gran emprendimiento.

El crecimiento fue dándose a partir de esto. Una vez pagada la deuda, pudo adquirir un mamógrafo, un equipo de rayo equis, implementos de laboratorio, entre otros aparatos que hoy por hoy ya han sido modernizados. Pudo también adquirir el local donde hoy funciona el Centro Radiológico PABEL y trajo consigo demás logros que el doctor y su familia, acompañan con generosidad a favor de los menos favorecidos.

Hoy, el Centro Radiológico PABEL es uno de los principales centros especializados de la ciudad de Huancayo y ofrece sus servicios con responsabilidad, estima por sus pacientes y tecnología de punta.

No existe mayor referente que esta institución que viene creciendo en sus distintos aspectos organizacionales y sobre todo conservando la mística de muchos mentores que pasaron por la vida del Paul Belzusarri.

Algunos de ellos son Alberto Lagos, el padrino que en la orfandad se preocupó por llevarlo a Lima a estudiar medicina; Oscar Vila, quien lo encaminó en la especialidad que hoy prospera; Félix Ortega, el director de la Clínica Ortega una de sus primeras e importante oportunidades laborales; la comunidad médica del Hospital Naval; las invaluables enseñanzas del Dr. German Urquizo; y sobre todo, el espíritu humano del Dr. Carlos Lanfranco la Hoz, el maestro y padre de enésimos médicos egresados de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. 

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Autor

John Santivañez, corresponsal de Huancayo